“Los árboles son santuarios. Quien sabe hablar con ellos y sabe escucharlos, descubre la verdad. Ellos no predican doctrinas ni recetas. Predican, indiferentes al detalle, la originaria ley de la vida.”
- Hermann Hesse
Para quienes vivimos en ciudades, rodeados por asfalto, cemento, ladrillo, hierro y vidrio, nos cuesta recordar aquella época en la que los Árboles tenían inmenso significado en nuestra existencia. Por miles y miles de años, Ellos nos han proporcionado acceso, aparentemente ilimitado, a refugio, construcción, alimento, medicinas, fuego, energía, y protección. Durante años vimos a los árboles, a través de sus ramificaciones, su comportamiento estacional y el renacimiento de su follaje, como imágenes poderosas de crecimiento, decaimiento, y resurrección. Los pueblos ancestrales aún los elevan en simbolismo, y en muchos casos con poder celestial y religioso. Su simbología está ligada a la fertilidad, la inmortalidad, el renacer - recordemos el símbolo del árbol de la vida.
A través de los años los árboles han sido parte de la mitología para comprender la vida y de la ciencia para explicar la evolución.
En esta ocasión hacemos un homenaje a los árboles, y a la conexión que mantenemos con ellos. Respiramos el oxígeno que ellos exhalan, y ellos inhalan el CO2 que nosotros exhalamos. Recordamos su simbología y agradecemos sus virtudes. Honramos su misterio y su belleza cruda, directa y resistente.
Cada taza de Té que tomamos, es la infusión de las hojas de la Camellia Sinensis, un árbol que puede llegar a medir hasta diez metros.
“Los árboles son poemas que escribe la tierra al cielo. Nosotros los derribamos y los convertimos en papel; tal vez así podamos recordar nuestro vacío”.
- Khalil Gibran